Leyendo a J.M Coetzee
Uno de los rasgos más seductores que la literatura –la buena literatura, esa deliciosa, esa que embebe y apresa- suele ofrecer, es ese pasmoso arte con que tira por el suelo distancias, tiempos, épocas, y al mismo tiempo les otorga un valor tan sorprendente, tan mágico, que nos envuelve, llena y nos hace partícipes de esas vidas lejanas que jamás vivimos, que ni siquiera llegaríamos a imaginar. Y definitivamente, las obras del sudafricano J.M. Coetzee llenan a rebosar ese asunto de atrapar y embeber.
Matemático, programador informático, ganador de dos Booker Prizes, Coetzee es un escritor que defiende la libertad, que la anhela. “Alguien íntimamente ligado al concepto de libertad, como lo está cualquier prisionero encadenado” en sus propias palabras. Nacido en Ciudad del Cabo en la década de los 40, es un escritor comprometido con la problemática Sudafricana, sin llegar jamás a ser un escritor de bandera o panfletario. Ganador del premio Nobel por allá del 2003, Coetzee maneja un lenguaje asombrosamente limpio, directo y duro: dentro de la apariencia fría y suave, tranquila, él, narrador incómodo, actúa como una necia conciencia sobre el lector, susurrándole todo aquello que preferiría no saber, señalándole sin decencia, sin compasión alguna, los peores males de nuestra época. Justamente como Michael K, aquel hombre escuálido con el labio y la esperanza retorcidos, tan triste, tan desgastado, tan aturdido, deambulando por un país que tiene aún mucho que enseñarle, mucho que quitarle. Justamente como Susan Barton, de Foe, la mujer perdida, náufraga ahora compañera de Crusoe y Viernes, cada vez más irreal, que busca en Foe al narrador que le de sentido y realidad a su historia. A ella misma. Justamente como Elizabeth Costello, su escritora imaginaria que no se detiene a dar mayor disculpa cuando nos arrasa con esa inmensa soledad, ese gran equívoco llamado esperanza, esa infelicidad siempre latente, cuando decide invadirnos e invadir al Hombre lento –último libro de Coetzee, publicado en el 2005- y finalmente, nos obliga –Como todos los personajes de Coetzee, como Coetzee mismo- a reconocer el propio rostro en su espejo, llenos de dudas, de frustraciones, de contradicciones y ataduras. Tristemente humanos. Interminable, involuntaria e irremediablemente humanos.
Bibliografía (Completa vía Wikipedia)
Dusklands (1974) ISBN 0-14-024177-9
In the Heart of the Country (1977) ISBN 0-14-006228-9
Waiting for the Barbarians (1980) ISBN 0-14-006110-X
Life & Times of Michael K (1983) ISBN 0-14-007448-1
Foe (1986) ISBN 0-14-009623-X
Age of Iron (1990) ISBN 0-14-027565-7
The Master of Petersburg (1994) ISBN 0-14-023810-7
Disgrace (1999) ISBN 0-09-928952-0
Elizabeth Costello (2003) ISBN 0-670-03130-5
Slow Man (2005) ISBN 0-670-03459-2
Diary of a Bad Year (2007)
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Tags: Coetzee, Elizabeth Costello, Foe, Hombre lento, libros, michael K., premio nobel literatura, problematica sudafricana, reseña



“Desgracia” es el mejor libro que he leido en diez años.
De esa experiencia nació un ensayo que se publicó en Letralia.com
y en pmdq.com.ar Se llama “Demonio del tiempo presente”.
De acuerdo, Coetzee puede como casi nadie desplegar el pulso de una
conciencia en el espejo de las letras.
Gracias por tu visita. Tu blog también es intersante. Y acuerdo con Ernesto acerca de Disgrace, una joya. Saludos