Anoche, justamente, recordé uno de mis últimos días en la cinematográfica Lumiere, justo
antes de que, enamorada como idiota de cierto hombre inconveniente -como lo son la mayoría, duela o no reconocerlo- y deslumbrada con un incierto pero prometedor futuro como ninja asesina, dejara la escuela de cine…
Era tarde, al menos dos o tres horas después de haber finalizado las clases y me decidí a encerrarme furtivamente en uno de los salones, con tres o cuatro películas y una buena ración de galletas con chocolate. También recuerdo que, control remoto en mano, paraba cada cinco o diez minutos la película, regresaba y adelantaba intentando desentrañar los misterios de Fellini, Bergman o Lynch, engolosinándome con un diálogo en particular, o simplemente viendo una y otra vez escenas que conferían un aire irreal al salón donde me encontraba encerrada, al tiempo, a las luces apagadas, a las galletas con chocolate y a mi misma, con todos esos sueños de llegar a ser una Hitchcock hispanohablante, la Kubrick mexicana o al menos Spielberg región 4.
Aún conservo mis cuadernos, con apunte de producción y diagarmas de ángulos y ejes de cámara. Aún tengo conmigo la lista de los números telefónicos y datos de mis compañeros de crew, las notas de preproducción de mi cortometraje y un largo- quizá demasiado- ensayo sobre el color y sus propiedades para dirección de arte. Aún guardo fotografías de maestros y compañeros de clase, guiones sin terminar, tablas de filtros y temperatura de color, dibujitos pretendiendo ser un storyboard y muchos, muchos planes, sueños y proyectos dejados a un lado…
Anoche, justamente, me enteré de la muerte de Ingmar Bergman, el gran director sueco, tan vigente hoy en día como en 1946…”No conozco a nadie que sepa más sobre el ser humano que Bergman” decía el actor Max von Sydow, y observando cuidadosamente joyas como “Fanny y alexander” “Fresas salvajes”“Gritos y Susurros” o “Persona”, Uno entiende que Bergman sabia tanto del hombre como de su alma.
Anoche, en su honor, vi por enésima ocasión El séptimo sello, que narra la historia de un caballero cruzado que al regresar de la batalla se encuentra con su pueblo moribundo por la peste, y decide jugar su propia suerte retando a la muerte en un partido de ajedrez, no queriendo con esto vencer a la muerte, si no ganar tiempo para encontrar sentido a su confusa existencia.

Me pregunto si, ahora que su partido ha acabado, Bergman encontró ese sentido…
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¡Qué tal, Lolita!, gracias por tu comentario, te mando un gran saludo y sí, el libro es Mientras Escribo de King, es uno de mis libros favoritos ya que es uno de los más sinceros que hay sobre el arte de escribir. En serio lo vas a disfrutar. Saludos y hasta luego. Te repito que tienes un excelente blog.
Supongo que si alguien estaba entrelazado con ese inevitable destino, era él; pero eso sólo lo podemos suponer… busco y no encuentro diferencia alguna; para mi siempre fue como presenciar un autor de otro siglo.
Te dejo un saludo
jajaja ahora mismo me recuerdas una frase…
“y esa inconstancia no es algo heroico, es mas bien algo enfermo…”
cuidate
mrl